lunes, 31 de octubre de 2016

La Creación: análisis del tercer verso del Evangelio de Juan



Como analizamos en los artículos anteriores, los primeros dos versos del Evangelio de Juan describen a la persona de Jesucristo, denominado “Palabra” o “Verbo”. Las cuatro afirmaciones de estos dos primeros versos son:

1, 1ª. “En el principio era el Verbo”. O sea, el Verbo existe desde siempre, desde la eternidad.

1, 1b: “Y el Verbo era con Dios”. En este pasaje se confirma la eterna comunión del Verbo con Dios Padre, desde siempre.

1, 1c: “Y el Verbo era Dios”. Esto significa que el Verbo, siendo de la misma sustancia de Dios Padre, es Dios, si bien tiene una personalidad diferente.

2: “Este era en el principio con Dios”. En este segundo pasaje se confirma que el Verbo siempre estuvo en comunión con Dios Padre, desde la eternidad.

Después de haber hecho estas afirmaciones de fundamental importancia, el Apóstol Juan empieza a describir la obra del Logos, el Verbo, Jesucristo. Y lo hace en el tercer verso del primer capítulo de su cuarto Evangelio:

todas las cosas por él fueron hechas, 
y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

Veamos la pronunciación correspondiente en griego:

Panta dia autou egeneto kay chōris autou egeneto oude hen ho gegonen

Empecemos a analizar la primera parte del tercer verso:

todas las cosas por él fueron hechas

La palabra griega con la cual el Apóstol Juan empieza este verso es “panta”, o bien, “todo”. En algunas otras versiones (nueva Diodati) es traducida por “cada cosa”. En griego, el artículo definido (ho) se omite antes de “panta”, justamente con el fin de volver absoluto el significado de “todo”. Juan, prácticamente, quiere referirse a la totalidad de las cosas que fueron creadas en todos los tiempos, o sea, en el pasado, en el presente y en el futuro.
Panta es el nominativo plural del neutro pan. En práctica, significa: todas las cosas que fueron, todas las cosas que son y todas las cosas que serán: todo.
La segunda palabra que encontramos en el análisis de este tercer verso es δι’, cuya pronunciación es dia. Se traduce “por medio”. En realidad, esta palabra griega es pariente de “duo” (dos) o “dis” (dos veces). El significado basilar de la palabra indica el intermediario o la causa para llegar a un resultado final. Encontramos esta preposición en la palabra diagrama. El diagrama es, en efecto, algo que está entre el concepto de una cosa y el resultado final de la cosa misma. Se hace un diagrama para mostrar lo que se va a construir.
Juan explica entonces que “todas las cosas por él fueron hechas”, o sea por medio de Jesucristo, el Verbo, el Logos eterno. El Verbo, sin embargo, es Dios (ver verso 1, 1c), y su sustancia siempre ha sido la misma de Dios Padre. Esto fue confirmado también por Pablo de Tarso en su Epístola a los colosenses (2, 9):

Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad

Como el Verbo, Jesucristo, fue el Creador, del mismo modo fue el Redentor. Por tanto, Él fue tanto el agente de la creación como el agente de la redención.
El hecho, sin embargo, de que él haya sido el agente de la creación no significa que haya sido diferente en esencia o inferior a Dios Padre. Él pudo ser tanto la Causa Primera como el agente de la Creación. Esto se deduce también de la Epístola a los romanos (11, 36):

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

También del célebre pasaje del Génesis se deduce que Jesucristo fue tanto la Causa Primera, como el agente de la Creación (Génesis 1, 26):

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Dios creó el universo y al hombre por medio del Verbo, pero en un cierto sentido todas las tres personas de la Trinidad participaron en la obra de la Creación, así como todas las tres participaron en la obra de la redención y de la salvación del hombre.
El verbo utilizado por Juan fue egeneto, o sea, “hizo”. Todas las cosas se volvieron por medio de Él, por medio de Jesucristo. El verbo egeneto difiere del verbo en utilizado en el primer y en el segundo verso. Mientras en significa “era”, en un tiempo eterno, egeneto significa “hizo”, en un momento definido. Este verbo “egeneto” excluye entonces que Juan quisiera referirse a una creación eterna o continua. Juan describió que el mundo fue creado en un determinado momento, y que antes de la Creación el mundo no existía, mientras Dios existía desde siempre.
Para concluir, añado que en esta primera parte del tercer verso se afirma indirectamente que Jesucristo es el Creador del universo, la Causa Primera, Dios. Si, en efecto, el Verbo fuera un ser creado, no habría podido crear “todo”, sino que habría creado “todo excepto a sí mismo”. En cambio, Juan nos dice que el Verbo hizo “todo”.
Analicemos ahora la segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan:

y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Después de haber hecho una afirmación positiva, Juan hace énfasis en la parte negativa de tal afirmación. Las palabras “y sin él” se refieren inequivocablemente al Verbo, o sea, a Jesucristo. La palabra griega “chōris”, significa “sin”.
Se afirma, por tanto, que sin el Verbo, o sea Jesucristo, nada de lo que existe fue hecho. Juan, escribiendo la palabra “chōris”, nos hace entender que el universo no tiene la posibilidad de auto crearse. No es posible que la materia se transforme en algo vivo, ni es posible que una célula se transforme en ser consciente sin que haya una voluntad creadora.
En este punto, sin embargo, alguien podría afirmar que como nada fue hecho de lo que existe sin la voluntad creadora del Verbo, él creó también el mal.
La Biblia, sin embargo, nos enseña que el mal tuvo origen del primer acto de no humildad efectuado por una creatura del Señor, la cual quiso suplantar a Dios (Libro de Isaías 12 y Libro de Ezequiel 28, 12-18). Cuando luego el hombre desobedeció a Dios, el Señor, siendo perfectamente sagrado, no pudo hacer otra cosa que permitir que el hombre sufriera las consecuencias de su decisión. Luego de la separación del hombre de Dios, el hombre y el mundo se hundieron en el pecado y en el mal. Todo eso llevó a la necesaria venida de Dios al mundo en la persona de Jesucristo (Evangelio de Juan 1, 14), con el fin de redimir al hombre y restablecer su relación inicial con el Creador.
De esta segunda parte del tercer verso se deduce que el Verbo no fue hecho, y que todo lo que fue hecho, no es el Verbo. Juan, en efecto, expresa el concepto de que antes de la Creación, el Verbo ya existía. Pero él mismo no fue hecho, era auto existente y, por tanto, era Dios. (Evangelio de Juan 1, 1).
De aquí se deduce también que el mundo no se auto creó. Por tanto, no es Dios. Es un error garrafal afirmar que la naturaleza es Dios. A veces se escucha la expresión “madre naturaleza”, como si la naturaleza fuese “madre” o como si la naturaleza fuese “Dios”. Es un error inducido por filosofías nueva era y panteísticas. Juan, en cambio, nos indica claramente que Dios es completamente distinto de su creación.
También esta segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan excluye que Jesucristo sea un ser creado. Si, de hecho, Él fuera un ser creado, no tendría sentido la frase: “y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, que significa que no hay nada en la creación que no tenga origen en Jesucristo. Por tanto, vemos que el Creador no puede ser creatura, ya que si Él fuera creatura, habría tenido que crear todo excepto a sí mismo, pero esto no es lo que Juan nos comunicó.
Se deduce lógicamente que Jesucristo, siendo auto existente, es Dios, exactamente como lo es Dios Padre. Ambos, por tanto, son co-iguales y co-eternos. El Apóstol Pablo confirma este concepto en la Epístola a los colosenses (1, 16):

Porque en él fueron creadas todas las cosas,
las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, 
visibles e invisibles; 
sean tronos, sean dominios, 
sean principados, sean potestades; 
todo fue creado 
por medio de él y para él.

Volvamos a analizar la segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan:

y sin él nada de lo que ha sido hecho, existe.

Mientras el primer verbo de esta segunda parte del verso es “egeneto”, volverse, traducido por “fue hecho”, el último verbo utilizado es “gegonen”, traducido por “existe”. Juan se refiere a “lo que ahora existe”. Prácticamente Juan indica que todo lo que ahora existe deriva del poder creativo de Jesucristo. Este segundo verbo se encuentra en el tiempo perfecto y esto indica indirectamente que Jesucristo permite la existencia de cualquier cosa que nos circunda y de cualquier ser viviente. Es la Gracia la que nos sostiene, la que nos permite cada día despertarnos en la mañana, la que es causa de la germinación de las flores y del crecimiento de las plantas, de las cuales se alimentan los seres vivientes.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

Bibliografía: Spiros Zodhiates, Cristo era Dios?

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