miércoles, 27 de mayo de 2015

Los fundamentos de la civilización occidental


Con frecuencia se escucha decir que la civilización occidental está en decadencia, que Europa y Estados Unidos van acercándose a su ocaso y que otras civilizaciones y culturas pronto dominarán la Tierra. El declive demográfico de los países occidentales hace pensar que en un futuro próximo otros pueblos tomarán la ventaja e impondrán su cultura en la parte del planeta que se denomina “Occidente”.
A menudo, quienes sostienen esta tesis afirman también que en Occidente no hay valores y que otras culturas, en cambio, tienden a tener una visión más pura del mundo.
Por el contrario, son justamente los valores de nuestra sociedad occidental los que a veces son usados por grupos de personas intolerantes y fanáticas para infiltrarse e intentar imponer su cultura dentro de nuestro mundo occidental (me refiero, por ejemplo, a la tentativa de hacer aceptar, de parte de algunos grupos islámicos, la sharía en algunos barrios de Londres).
El relativismo cultural, el concepto según el cual toda cultura debe ser puesta en el mismo plano y no puede ser juzgada, está demostrando todos sus límites. Es así como la libertad de expresión, la democracia y la tolerancia hacia lo diferente, están por ser usadas deliberadamente por los “otros” contra el concepto mismo de civilización occidental.
Pero, ¿cuáles son los valores que distinguen a nuestra civilización?
Muchos historiadores concuerdan en el hecho de que nuestra civilización deriva de los antiguos griegos. Como sabemos, fue Clístenes, en el 508 a.C., quien introdujo la primera forma de democracia (del griego “poder al pueblo”), sacando adelante la obra de Solón.
La filosofía griega fue, con Platón y Sócrates, la primera que se planteó en modo crítico el problema sobre la búsqueda de la verdad y del hecho de si el bien y mal son relativos.
Es justamente esta “tendencia a la crítica” la que ha distinguido a nuestra cultura en el transcurso de los siglos. Aristóteles, profundizando en la metafísica, fue uno de los primeros filósofos que se planteó preguntas fundamentales sobre la existencia de Dios o la inmortalidad del alma.
También la república romana (509 a.C. – 27 a.C.) se considera origen de la civilización occidental, especialmente cuando en el 367 a.C. fueron promulgadas las leyes Liciniae Sextiae que daban más poder a los plebeyos, permitiéndoles acceder al consulado.
En cualquier caso, la persona que más influyó en la civilización occidental fue, sin duda, Jesucristo.
El nacimiento de Jesucristo, así como indicó una nueva era, marcó la consolidación de la civilización occidental, por diversas razones. En primer lugar para el mensaje de paz y amor de Jesucristo, (Evangelio de Juan 13, 34):

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Pero también por la famosa frase "Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.", (de: Evangelio de Mateo, 22, 21), que admite implícitamente la separación de iglesia y estado, y justifica el estado laico, un concepto básico en el Occidente.
Los dos acontecimientos fundamentales de la civilización occidental han sido en mi opinión la muerte en la cruz y la Resurrección de Jesucristo. Para aquellos que creen en Jesucristo, su muerte en la cruz fue el sacrificio final y perfecto por el pecado, con el fin de "quitar el pecado del mundo" (Evangelio de Juan 1, 29). Incluso para aquellos que no creen en él, sin embargo, la muerte en la cruz de Jesucristo es una parte fundamental de la historia de la humanidad, ya que es un símbolo de humildad y perdón universal. La Resurrección de Jesucristo fue el evento que causó la predicación de los Apóstoles y sus seguidores, y por lo tanto ha afectado indirectamente a todo el mundo occidental, y no sólo esto (por ejemplo la antigua cristiandad en Oriente Medio, Etiopía, India, y Asia Central, en este último caso con el nestorianismo).
Otro acontecimiento central en la historia de la civilización occidental ha sido la aceptación del cristianismo por el emperador Constantino el Grande. A partir de 313 d.C. la religión cristiana fue permitida en el imperio. Este hecho, aunque para algunos historiadores cristianos como David Bercot, fue una desviación del cristianismo original, ha influido mucho en todo el mundo occidental y en su relación con el mundo exterior.
La civilización occidental, después de la caída del imperio romano, se cerró en sí misma y sólo con la época de los grandes descubrimientos geográficos inaugurados por Cristóbal Colón en 1492, empezó una expansión territorial que llevó a los europeos a dominar gran parte del planeta.
Todo eso sin olvidar que esta expansión causó varios genocidios, como por ejemplo el de los indígenas de América. Sin embargo, este fue causado más por los virus de los cuales los europeos eran portadores inconscientes que por las guerras efectuadas de forma deliberada.
En el siglo XVII, el filósofo Baruch Spinoza fue uno de los primeros en proponer el llamado panenteísmo, o bien, el concepto de que Dios es inmanente en el universo, pero que al mismo tiempo lo trasciende. Su crítica a la concepción tradicional de Dios llevó al desarrollo de la corriente de la Ilustración, propugnadora del escepticismo religioso y, por tanto, opuesta al “derecho divino de los reyes”.
Un ulterior impulso hacia el siglo de las luces lo dio el racionalismo de Gottfried Wilhelm von Leibniz, quien sostenía que todo el conocimiento puede ser alcanzado a través de la razón.
El siglo XVIII es muy importante para comprender los fundamentos de la civilización occidental. La Ilustración, entendida como el movimiento que liberó al hombre de la jaula de las culturas, toma pie en Francia dominada por el absolutismo monárquico y por el clero católico.
El pensamiento de la Ilustración, liderado en Francia por los filósofos Voltaire, D’Alembert, Diderot y Montesquieu, superó el concepto del buen salvaje, o sea la idea de que los indígenas son buenos y conocen el mal sólo cuando establecen contacto con el progreso. Demostrando en cambio que cada hombre tiene implícitos en su alma los conceptos de bien y de mal, los ilustrados fueron más allá, intentando establecer principios generales que liberaran al hombre de su relativismo cultural, afirmando la universalidad de la ética.
A continuación se presenta un fragmento que señala lo que fue para Immanuel Kant la Ilustración, extraído de su libro “Respuesta a la pregunta qué es la Ilustración”:

“La ilustración es la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no radica en una falta de entendimiento, sino de la decisión y el valor para servirse de él con independencia, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! Es pues la divisa de la ilustración”.

Desde un punto de vista histórico, la Ilustración condenó el fanatismo y el oscurantismo religioso de la Edad Media, señalando una vez más en el racionalismo y en la igualdad entre las personas la clave para el verdadero progreso material. De esta visión de la historia emergen, por tanto, los conceptos de igualdad, tolerancia, fraternidad y libertad de expresión, de elección, de pensamiento, de religión y de prensa.
También hubo una crítica parcial al cristianismo primitivo, ya que estaba siendo promocionado el relativismo, y el deísmo, cuya doctrina afirmaba que todas las religiones tienen algo de verdad.
Así empezó una crítica a la religión cristiana, y la propagación de las ideas masónicas, además del impulso a la supresión de la Compañía de Jesús.
Todo eso desembocó en la crítica del “Derecho divino de los reyes” e indirectamente propició dos sucesos fundamentales de la civilización occidental: la Revolución Americana (1776) y la Revolución Francesa (1789).
A la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (1776), le siguió la Constitución de los Estados Unidos de América (ratificada en 1789) y la Declaración de los Derechos (Bill of rights), el primer documento oficial que atestigua derechos fundamentales del hombre -todavía hoy en vigor-, como la libertad de expresión, prensa y culto, además del derecho de reunirse pacíficamente.
1789, además de ser el año en el cual entró en vigor la Constitución de los Estados Unidos de América, fue también el año de la Revolución Francesa y el de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
De modo que dos documentos importantes de nuestra civilización fueron generados por dos países apenas nacidos, dos repúblicas: Estados Unidos y Francia.
Sobre esto, los críticos de la civilización occidental podrían argumentar que, si bien es cierto que los derechos humanos fueron establecidos inicialmente en Estados Unidos y en Francia, en los años inmediatamente sucesivos se incrementó el colonialismo en África y en Asia, la esclavitud fue abolida sólo después de decenios, y durante el siglo XX, Estados Unidos dominó el planeta a golpe de guerras inducidas y de una economía imperialista.
Todo eso es cierto, pero también lo es que no se puede juzgar la historia a priori. Lo que sucedió -me refiero a los crímenes que algunos países occidentales perpetuaron- es deplorable, pero eso no quita que en las sociedades occidentales hayan valores que las caractericen (y también otras civilizaciones han cometido crímenes atroces, como los turcos otomanos, en el genocidio armenio, efectuado con el propósito pan-islámico).
Estos valores fueron una vez más estipulados en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, firmada en París en 1948. Particular relevancia tuvo el derecho a la vida y a la libertad (de pensamiento, de expresión, de prensa, de movimiento, de empresa).
Estos son los valores principales de la civilización occidental, y está bien que los jóvenes los estudien y que se den cuenta de que en algunos países que no pertenecen a Occidente, esta Declaración no ha sido firmada.
Occidente no ha impuesto estos valores en los países del mundo que no han ratificado la Declaración de 1948, pero debe estar claro que ninguno debe aprovecharse de la tolerancia, de la libertad de culto o de expresión con el propósito de difundir odio y de intentar imponer las propias leyes o preceptos en la sociedad occidental.

YURI LEVERATTO
Copyright 2014

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com