jueves, 20 de noviembre de 2014

Mitología y chamanismo en la civilización de los Toltecas


Luego de la decadencia de la ciudad-estado de Teotihuacán, la cual quizá se debió a invasiones de pueblos hostiles o a gravísimas crisis alimentarias, varias poblaciones se disputaron el poder económico y cultural de Mesoamérica. Los Toltecas y otros grupos de colonizadores, llamados Nonoalcos, se establecieron en una zona situada a aproximadamente 65 kilómetros al norte de Teotihuacán, donde se fundó posteriormente la ciudad de Tollan Xicocotitlán (Tula o ciudad cerca del cerro Xicoco). La región ya estaba habitada por algunos grupos de Otomíes, que aún hoy son un consistente grupo indígena mexicano.
Los primeros eruditos españoles, entre los cuales Bernardino de Sahagún, tuvieron conocimiento de la antigua civilización de los Toltecas por medio de los Aztecas, quienes les dijeron que ésta era mítica y que estaba ubicada en un valle paradisíaco, donde había abundancia de cosecha y donde las personas se alimentaban de aves tropicales multicolores.
A continuación, un pasaje del libro Historia General de las Cosas de la Nueva España, llamado luego Código Florentino (1577) del fray Bernardino de Sahagún:

Dicen que su Dios era Quetzalcóatl (serpiente con plumas de Quetzal), que era riquísimo y que tenía todas las cosas que se pudieran desear en este mundo. Dicen que las mazorcas de maíz eran enormes y abundantes, y que se cultivaban grandes calabazas, patatas y tomates. Además, dicen que había abundancia de algodón, con el que se elaboraban espléndidos tejidos.

Los Toltecas adoraban al Dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, símbolo, por tanto, del inframundo (muerte y pasado) y del cielo (renacimiento, cercanía al Sol, luminosidad, futuro), que representa, de este modo, la continuidad de la vida en la Tierra y en el Cosmos. Según los Aztecas, en la cima de la teocracia tolteca estaba el sumo sacerdote, quien encerraba en sí todo el conocimiento humano y quien tenía poderes sobrenaturales.
El personaje histórico más famoso de la civilización tolteca fue Ce Acatl Topiltzin, quien nació probablemente en el 947 d.C., en un pueblo llamado Michatlahco, en el actual estado mexicano de Morelos.
Fue el rey más importante de los Toltecas, a partir del 977 d.C. Hay algunas leyendas que afirman que Topiltzin era “diferente”, en el sentido que venía de muy lejos. A menudo se dice que era un náufrago vikingo. Después de haber sido coronado rey, fue tentado por el Dios de la guerra Tezcatlipoca, motivo por el cual fue expulsado de la ciudad.
Luego de los últimos estudios arqueológicos en el sitio de Tula, ubicado en el actual estado mexicano de Hidalgo, se llegó a la conclusión de que la sociedad tolteca era dominada por una aristocracia guerrera que efectuó una expansión de tipo militar y cultural hasta Yucatán, alrededor del 1000 d.C.
Haciendo una comparación con Suramérica, la expansión cultural tolteca parece asemejarse a la efectuada por el pueblo Wari, que influenció, con su cultura, a muchísimas etnias del Perú meridional y central pre-incaico.
Hacia el 1200 de nuestra era, algunas belicosas tribus de Mexicas (que sucesivamente dieron origen a los Aztecas) y Chichimecas invadieron el territorio de los Toltecas, haciendo que esta civilización comenzara a declinar.
En efecto, el estudio estratigráfico del sitio arqueológico de Tula confirma una secuencia cronológica que va del 750 d.C. hasta el 1200 d.C.
Se piensa que Tula tenía una extensión de 11 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 30.000 personas. En la actualidad, en Tula, se pueden admirar las enormes estatuas de los Atlantes, de 4,6 metros de altura. Son representaciones de guerreros toltecas. Parece que su construcción estuvo relacionada con el culto del planeta Venus y con la creación de un calendario sagrado de 260 días (el tiempo de la revolución de Venus alrededor del Sol).
En cuanto a lo económico, la zona donde surgió la ciudad de Tollan-Xicocotitlan (no confundir con el lugar mitológico llamado Tollan), era rica en obsidiana, piedras semipreciosas como la turquesa, el alabastro y otros minerales con los cuales se elaboraban estatuillas, adoradas como tótem. En el valle había, además, abundancia de cacao, patatas, tomate, calabazas y maíz. Esta ventajosa situación económica permitió a la aristocracia dominante expandirse militarmente por el actual México y tener relaciones comerciales con los Mayas y con otros pueblos de Centroamérica, como por ejemplo Nicoya, en la actual Costa Rica, de donde importaban preciosas cerámicas.
En la arquitectura Tolteca se encuentran algunas similitudes con la cultura Maya: la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli en Tula se parece mucho al templo de los guerreros de Chichén Itzá, en Yucatán.
Las afinidades entre los dos pueblos se perciben también en la mitología y en el chamanismo esotérico.
En lo alto de estas creencias religiosas toltecas estaba Tloque Nahuaque, el Creador Supremo o Absoluto. Estaba después una Divinidad creadora de los cielos y de la Tierra, Ometecuhtli. Luego, se adoraba a varios Dioses, a los cuales se ofrecía sacrificios para obtener mejores cosechas o para ahuyentar a las fuerzas del mal.
Uno de los más importantes era, como ya se había mencionado, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. No sólo era el símbolo del inframundo y del cielo al mismo tiempo (el diablo y el Omnipotente en la simbología católica), sino que representaba también la cultura, la filosofía y la fertilidad. Según la leyenda, Quetzalcóatl era el rey de la legendaria Tollan en épocas arcaicas. Otro de los Dioses mitológicos toltecas era el ya mencionado Tezcatlipoca, el Dios de la guerra (Marte en la cultura de los Griegos). Luego estaba Tlaloc, Dios de la lluvia, Centeotl, Dios del maíz, Itzlacoliuhque (a veces identificado como un simple aspecto de Quetzalcóatl), considerado como Dios de la oscuridad y de los eventos violentos como terremotos, inundaciones y tempestades.
A partir de las crónicas escritas por los primeros eruditos españoles que llegaron a México en el siglo XVI, se deduce que los Toltecas daban una enorme importancia a la figura del chamán, hombre capaz de comunicarse con los espíritus, con el fin de resolver disputas, curar enfermedades y en últimas, relacionar a las personas con la Divinidad. Hay que señalar que la palabra “chamán” deriva del sánscrito “shramana”, y no de las lenguas americanas.
El chamanismo que aún hoy se practica en muchísimos grupos indígenas de Suramérica es un tipo de religión esotérica reservada, por tanto, a pocos. En efecto, sólo el chamán tiene acceso al conocimiento y puede comunicarse con los espíritus, sean ellos benignos o malignos. Además, practica sacrificios para complacer a los Dioses, conserva las tradiciones orales de su pueblo y sirve de guía espiritual.
Según las tradiciones chamánicas toltecas, las cuales heredó luego el pueblo de los Mexica o Aztecas, cada individuo al nacer es acompañado por un animal que lo protegerá y lo guiará durante toda su vida. Estos espíritus se llamaban nahuales. Algunos animales, como por ejemplo el pato y algunas enormes plantas como los árboles de bosque, eran considerados sagrados en la cultura Tolteca. El pato es capaz de caminar, nadar, sumergirse y volar. Por consiguiente, es el símbolo de la perfección en el mundo animal. El árbol de bosque representa los tres mundos posibles: el inframundo, con las raíces bien aferradas a la Tierra y a su materialidad, el tronco, que simboliza la superficie terrestre o el mundo del medio, habitado por los humanos y que está entre la materialidad y la espiritualidad, y la copa, símbolo de la cercanía a Dios, al cielo, a la luminosidad y al reino de la espiritualidad.
Los chamanes toltecas eran capaces de comunicarse con los espíritus luego de alcanzar un estado de trance (o alteración de la consciencia), que producían tanto con métodos de autohipnosis, como a través de la música, el canto y el baile, pero también ingiriendo sustancias alucinógenas, como por ejemplo el peyote (Lophophora williamsii).
Hoy en día, en México, hay algunas comunidades de Neo-Toltecas que siguen la filosofía de vida de sus ancestros y que creen que los antiguos Mesoamericanos eran portadores de una única cultura llamada Toltecayotl. La filosofía de los Neo-Toltecas está basada en la convicción de que es posible tener un estilo de vida que respete a la naturaleza y a los otros seres vivientes, de manera que se pueda lograr la armonía que se perdió en los siglos pasados.

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

lunes, 10 de noviembre de 2014

El enigma de los Maraká, los últimos pigmeos americanos



La escabrosa cordillera del Perijá, de aproximadamente 300 kilómetros de extensión, se ubica entre los departamentos del Cesar y Norte de Santander, en Colombia.
En el lado occidental está el departamento del Cesar, mientras que en el oriental se encuentran los profundos valles del río Agua Blanca y del Río Catatumbo, los cuales desembocan en el lago de Maracaibo, en Venezuela.
En estos particulares ecosistemas, que van del páramo de alta montaña hasta la selva pluvial tropical, han vivido desde tiempos remotos un conjunto de indígenas que los Españoles identificaron con el término de Motilones. Por lo general, se diferencian los Baros de los Yucos: la lengua de los primeros pertenece al grupo chibcha, mientras que la de los segundos deriva del caribe.
Los Yucos, que siempre fueron especialmente belicosos, habitan la parte occidental de la serranía de Perijá y algunos de ellos viven aún hoy en la llamada Serranía de los Murciélagos.
Los Yucos viven principalmente de agricultura, cultivando maíz, fríjol, mandioca, ñame, banano, caña de azúcar, calabaza, papaya, tabaco y pimientos. Su dieta, pobre en sal, ocasionalmente se enriquece con carne de caza: tapires, ciervos, faisanes y pavos salvajes.
En los últimos años, los Yucos han tenido que enfrentarse cada vez más a menudo con la invasión de colonos colombianos en sus tierras, y se han retirado en lo profundo de la cordillera de Perijá.
En la zona de las fuentes del Catatumbo, en plena selva alta, viven aún hoy grupos de Maraká, indígenas muy bajos, perfectamente integrados a su bioma.
En la era moderna, el primer estudioso que logró establecer un contacto con los Maraká fue Gustaf Bolinder, en 1920.
Según Bolinder, los Maraká, a quienes conoció en el pueblo de Shirapa, tenían que ser considerados bajo todo punto de vista como los últimos pigmeos americanos, ya que la estatura media de los hombres adultos no superaba los 140 cm, mientras que la de las mujeres era de 120.
Bolinder regresó a la Serranía de Perijá en 1936 junto a su esposa. Se estableció por un tiempo en la aldea de San Jenaro, a unos 1200 metros de altura sobre el nivel del mar. En compañía de algunos indígenas Maraká emprendió una arriesgada expedición que tenía por fin atravesar toda la serranía de Perijá. Durante el viaje se relacionó con autóctonos de estatura normal, los Sikakao.
En 1948, los dos estudiosos Cruxent y Wavrin, que estaban explorando la vertiente oriental de la cordillera, tuvieron contacto, en un afluente del Río Tukukú, con algunos autóctonos barbados de altura extremadamente reducida. Según sus indicaciones, estos indígenas eran Maraká.
Cruxent efectuó algunas mediciones de varios grupos de indígenas, verificando que la estatura media de los hombres era de 140 centímetros, mientras que la de las mujeres era de 128.
Los Maraká que Cruxent describió y estudió no eran, sin embargo, para nada negroides, razón por la cual se excluyó cualquier posible descendencia de aborígenes provenientes de África (ver mi entrevista a la arqueóloga brasilera Niède Guidon).
Por el contrario, la mayoría de los Maraká tenía rasgos somáticos similares a los Motilones de estatura normal y algunos de ellos incluso llevaban barba, que es una característica de las etnias caucásicas.
Actualmente, existen todavía aislados grupos de Maraká que viven en las fuentes del Catatumbo. El origen de los Maraká ha causado notables discusiones entre los antropólogos. Según algunos estudiosos, su estatura reducida se debe a una alimentación deficiente, entonces se trataría de una involución humana.
No obstante, al contrario de esta afirmación, los Maraká no parecen para nada ser un grupo humano “defectuoso”, puesto que son muy hábiles en la caza y en la pesca, son muy resistentes a las largas caminatas, al calor húmedo y al frío intenso; raramente se enferman y son luchadores e inteligentes; están perfectamente acoplados a su ambiente natural y su estatura reducida les ayuda en ciertas situaciones, como por ejemplo para moverse con agilidad en una selva intrincada.
Según estas teorías, los pigmeos americanos, que no estarían en lo absoluto emparentados con los pigmeos africanos o de la Nueva Guinea, serían en cambio el resultado de una mutación genética acaecida en el pasado. El hecho de que los descendientes de los individuos cuyo patrimonio genético mutó hayan vencido en el proceso de evolución permitió que el grupo de Maraká sobreviviera hasta el día de hoy.
En la actualidad, el ecosistema de la Serranía de Perijá está constantemente amenazado por grupos de personas violentas que ocupan los suelos con el fin de instaurar plantaciones ilegales de coca. También grandes grupos empresariales, que tienen por objetivo la explotación minera de la zona, están entrando a la fuerza en los diversos valles de la cordillera.

YURI LEVERATTO
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