lunes, 9 de diciembre de 2013

La competencia por la explotación del coltán, la más reciente amenaza al bioma amazónico




En la actualidad, las empresas multinacionales están compitiendo silenciosamente por el acaparamiento de los lugares estratégicos del planeta, contando con el beneplácito de algunos países que han cedido parte de su soberanía a entidades externas, a menudo por motivos “humanitarios”, “ambientales” o “indigenistas”.
En Brasil, por ejemplo, desde hace ya varios decenios, la inmensa zona fronteriza con Colombia, Venezuela y Guyana se ha delimitado oficialmente con el fin de reservarla para algunos pueblos indígenas. Los colonos brasileros fueron obligados a abandonar sus tierras y fueron indemnizados, como en el caso del área indígena Raposa Serra do Sol.
No obstante, según muchos brasileros, entre los cuales se encuentra el comandante militar de la Amazonía, el verdadero objetivo de estas demarcaciones es otro: poder disponer de inmensas tierras vírgenes (más de 300.000 kilómetros cuadrados casi totalmente deshabitados), permitiendo a entidades externas (ONG) entrar y llevar a cabo estudios específicos de biodiversidad, exploraciones mineras y explotación de recursos hídricos.
Mientras que en territorio brasilero la zona fronteriza está “blindada” y nadie puede entrar sin la autorización del FUNAI (Fundacion nacional do Indio), la región de Amazonía que corresponde a Colombia y a Venezuela (más allá del departamento colombiano de Vichada) ha sido durante muchos años el centro de operaciones de grupos armados de narcotraficantes que controlan aún hoy parte del área en cuestión.
Cuando hace cinco años se anunció al mundo el descubrimiento de un gran yacimiento de coltán en la Amazonía venezolana, se inició una peligrosa competencia con el fin de asegurarse territorios amazónicos, por lo general ancestrales para algunos grupos de indígenas (como los Tukano).
Mientras que en Venezuela el gobierno militarizó el área, justamente para evitar el surgimiento de grupos armados ilegales que pudieran controlar el comercio, en Colombia se originó un flujo de traficantes y especuladores que se dirigieron a los departamentos de Vichada, Guainía y Vaupés, que limitan con el Área indígena Alto Río Negro, en Brasil.
El coltán, que es un conjunto de columbita (niobio) y tantalita, es un mineral importantísimo para la producción de aparatos electrónicos como teléfonos celulares, computadores, televisores de plasma, videojuegos, mp3, mp4, GPS, satélites artificiales y sistemas electrónicos para armas de alta precisión como los llamados “misiles inteligentes”. El tantalio es fundamental porque es utilizado en la construcción y miniaturización de condensadores electrolíticos.
En África, la competencia por la apropiación de las reservas estratégicas de coltán ha provocado una guerra en la que, hasta hoy, han muerto 5 millones de personas.
El Congo posee oficialmente el 60% de las reservas mundiales de coltán, pero el mineral es procesado en su mayoría en Ruanda y Burundi, países de donde se exporta al norte del mundo.
El resto de las reservas de coltán está situado en un área estratégica entre Brasil, Colombia y Venezuela.
Comúnmente, en Colombia, la autorización para extraer el mineral debe darla Ingeominas, pero en lo que respecta al coltán, hasta hoy se han concedido sólo 5 “títulos mineros”, mientras que el resto de la explotación parece ser ilegal.
La mayoría de los comerciantes ilícitos de coltán está obligada a pagar una especie de impuesto (aproximadamente 2500 $ por tonelada) a grupos armados ilegales que controlan el territorio, pero una vez que el mineral es transportado a Bogotá, se puede vender a unos 60.000 $ la tonelada.
Es grande la preocupación de que los departamentos de Guainía y Vaupés se transformen en lugares sin ley donde los traficantes de oro y coltán trabajen a sus anchas.
Las áreas donde se encuentran estos dos ambicionados minerales son a menudo lugares ancestrales para los indígenas Cubeos, Tukano y Puinaves, y su explotación indiscriminada e ilícita podría provocar una alta contaminación de los ríos con mercurio y cianuro, además del trastorno de los usos y costumbres de las poblaciones autóctonas. Algunos periodistas colombianos informan, en efecto, que en Puerto Inírida, la capital de Guainía, hay ya casos de prostitución de menores y aumento de la delincuencia común.
Sería oportuno que la explotación de los yacimientos de coltán presentes en el territorio colombiano estuviera reglamentada por normas precisas, pero la lejanía de la Guainía y del Vaupés del centro de Colombia y la falta absoluta de carreteras aumenta la dificultad de implementar serios controles.
Del otro lado de la frontera, en Brasil, se encuentra la enorme “Área Indígena Alto Río Negro” (conocida en Brasil como la “cabeza del cachorro” por su forma), una zona de selva amazónica atravesada por el Río Negro y por uno de sus afluentes, el Río Vaupés. Allí, donde está absolutamente prohibida la entrada a los ciudadanos normales brasileros o extranjeros, hay importantes yacimientos de oro (Serranía del Taraira) y considerables reservas de coltán, como por ejemplo en las cercanías del llamado Morro do seis lagos.
Según algunos periodistas brasileros, dentro del área indígena Alto Río Negro se está efectuando búsqueda y explotación ilícita de coltán y de otros minerales que están siendo luego contrabandeados en Colombia, dado los pocos controles presentes a lo largo de la extensísima frontera amazónica entre ambos países.
También en este caso sería oportuno que el gobierno de Brasil llevara a cabo rigurosas inspecciones sobre las actividades desarrolladas al interior del Área Indígena en cuestión para evitar que grupos de mineros ilegales contaminen el ambiente, alterando las costumbres de los autóctonos.

YURI LEVERATTO
Copyright 2011

martes, 3 de diciembre de 2013

La relación de la primera circunnavegación de la tierra, del viajero italiano Antonio Pigafetta


Uno de los personajes claves de los grandes descubrimientos geográficos del siglo XVI fue el portugués Fernando de Magallanes, el comandante de la flota que partió de España en 1519 con el fin de llegar a las Islas de las Especias.
No obstante, sin el valioso aporte del italiano Antonio Pigafetta (llamado también Antonio Lombardo, Vicenza, 1491-1531), quien relató todos los hechos ocurridos en los tres años de la asombrosa aventura en su Relación del primer viaje alrededor del mundo, se habrían perdido para siempre muchos detalles del viaje, que fue indudablemente uno de los más increíbles, difíciles y peligrosos de todos los tiempos.
Fernando Magallanes nació en Tras os Montes, en Portugal, en 1480.
Comenzó a navegar a temprana edad. A los veinticinco años y bajo las órdenes del capitán Francisco de Almeida, viajó a la India a los puestos fronterizos portugueses de Diu, Cochin y Goa. Luego acompañó a Diego López de Sequeiro en sus exploraciones a través del estrecho de Malaca. En 1506, participó en un viaje dirigido hacia las islas de las Especies, las Molucas, que hacen parte de la actual Indonesia.
En 1511, bajo las órdenes de Alfonso de Albuquerque, tomó parte en la conquista de la ciudad de Malaca. Regresó a Europa en 1513 y se distinguió por la defensa del fuerte de Azamor en Marruecos. Inmediatamente después, fue acusado de haber comerciado ilegalmente con algunos musulmanes razón por la cual fue licenciado por el rey de Portugal y no le fueron reconocidas las indemnizaciones solicitadas por el servicio prestado a la Corona en años anteriores.
Se dirigió entonces a España, y ofreció allí su experiencia para navegar hacia las islas de las Especies por una ruta occidental, demostrando así que éstas quedaban bajo la influencia española. Tal vez contó con un mapa dibujado alrededor de los primeros años del siglo XVI, que presentaba la posibilidad de seguir una ruta más corta por el continente suramericano hacia el Mar del Sur. Tenía la certeza de llegar a Asia sin necesidad de circunnavegar el África.
Después del tratado de Tordesillas, que había dividido el mundo en dos hemisferios, España se sentía excluida del hemisferio oriental y por lo tanto del comercio de las especies.
Como los portugueses ya habían llegado a las Molucas, navegando hacia el este, y habían comenzado a comerciar con gran provecho, surgió una disputa sobre el área real de influencia española. Los Españoles pensaban que las Molucas pertenecían a su área de competencia, o sea, al hemisferio occidental, mientras que los Portugueses que habían llegado primero, pensaban lo contrario.
Como no se conocía la longitud exacta de la circunferencia terrestre, nadie sabía decir si las Molucas pertenecían o no al territorio que tocaba a los portugueses. Resultaba entonces bien interesante la oferta de Magallanes al rey de España.
El 22 de marzo de 1518 Magallanes firmó con Carlos V un contrato, que le puso a disposición cinco naves para alcanzar las islas de las Especies navegando hacia occidente para verificar su ubicación exacta. Naturalmente, no menos importante era el descubrimiento de nuevas tierras para anexar al ya inmenso imperio español.
Del acuerdo hecho con el rey, se evidenciaba que a Magallanes y a su amigo cosmógrafo Ruy Falero les esperaba una quinta parte de las entradas de la expedición, y sus herederos serían los gobernadores de las eventuales tierras descubiertas.
La expedición partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519. La flota estaba compuesta por cinco naves. La Trinidad comandada por Magallanes, la San Antonio por Juan de Cartagena, la Concepción por Gaspar de Quesada, la Victoria por Luís de Mendoza y la Santiago por Juan Serrano.
Eran en total doscientos treinta y cuatro hombres de los cuales, ciento sesenta españoles, cuarenta portugueses, veinte italianos (entre los cuales Antonio Pigafetta), y cuatro intérpretes africanos y asiáticos.
La flota fue detenida por más de un mes en la desembocadura del Guadalquivir debido a la negativa de las autoridades locales de dejar partir una flota española comandada por un portugués. Finalmente, el 20 de septiembre de 1519, dejaron las costas españolas pero fueron inmediatamente perseguidos por naves portuguesas. Magallanes logró de todas formas llegar a las islas Canarias, sin dejarse atrapar.
Cargó entonces nuevas provisiones, y se dirigió hacia Brasil. Durante la travesía por el Atlántico, tuvo que enfrentarse a un amotinamiento de los oficiales españoles, que logró dominar encerrando al primer oficial de la Trinidad, el jefe de los amotinados.
Llegaron a Brasil el 14 de diciembre de 1519, precisamente a la bahía de Río de Janeiro. Las naves llegaron al estuario del Río de la Plata, que Magallanes recorrió pensando que había encontrado el paso para el Mar del Sur. Después de pocos días tuvo que aceptar que se trataba solo del estuario de un gran río y no de la ambicionada ruta.
Como se acercaba el invierno austral, decidieron pasar el invierno en puerto San Julián, una bahía de la Patagonia, adonde llegaron el 30 de marzo de 1520. Rápidamente, sin embargo, empezaron a escasear las provisiones y fue necesario hacer un primer racionamiento de víveres, lo que dio lugar a un nuevo amotinamiento en tres de las cinco naves.
Los capitanes Luís de Mendoza y Gaspar de Quesada fueron ajusticiados, mientras que Juan de Cartagena fue abandonado en una costa desolada junto a un sacerdote que había dirigido el amotinamiento.
En el mes de mayo, la Santiago fue enviada en misión de reconocimiento pero naufragó en un bajo no muy lejos de la costa. Algunos marineros lograron regresar por vía terrestre hasta la bahía de San Julián, mientras que los demás fueron asesinados por grupos de furiosos indígenas. Así las cosas, Magallanes decidió esperar el final del invierno en la bahía de San Julián.
La expedición continuó su curso en los primeros días de octubre de 1520, una vez terminado el invierno. Todas las desembocaduras de los ríos fueron examinadas y las bahías exploradas. Finalmente la Concepción y la San Antonio, que fueron enviadas adelante, descubrieron la ambicionada ruta hacia el oeste.
Este es un extracto de la Relación del primer viaje alrededor del mundo, que narra el momento en que avistaron el mítico estrecho, escrito por el italiano Pigafetta:

Luego yendo a cincuenta y dos grados hacia el mismo polo, encontramos en el día de las once mil vírgenes un estrecho, el cual llamamos el Cabo de las once mil vírgenes, por ser un gran milagro.
Este estrecho es largo ciento diez leguas, que son cuatrocientos cuarenta millas y de ancho más o menos media legua, que va a dar a otro mar, llamado Mar Pacífico, rodeado por montañas altísimas cargadas de nieve. Solo se hallaba fondo con sondas en tierra de veinticinco y treinta brasas. Y si no fuera por el capitán general, no hubiésemos encontrado este estrecho porque todos pensábamos y decíamos que todo alrededor estaba bastante cerrado: pero el capitán general, que sabía que iba a navegar por un canal bastante oculto, como había visto en la tesorería del rey de Portugal en un mapa hecho por el excelentísimo hombre Martín de Bohemia, mandó dos naves, San Antonio y Concepción, que así eran llamadas, a inspeccionar que había al principio de la bahía. Nosotros, con las otras dos naves, la capitana que se llamaba Trinidad y la otra, Victoria, nos quedamos esperándolas en la bahía.
En la noche, nos llegó una gran tormenta, que duró hasta el otro mediodía, por la que tuvimos que levar las anclas y dejarnos llevar de aquí para allá por la bahía.
Las otras dos naves, estaban en travesía y no podían alcanzar un cabo que estaba casi al final de la bahía y así regresar hacia nosotros, así que por fuerza se atascarían en un bajo.
Pero recostándose al final de la bahía, creyéndose ya perdidos, vieron una desembocadura pequeña, que no parecía desembocadura, sino una sitio solitario y como abandonados se lanzaron adentro, así fue que descubrieron el estrecho por fuerza. Y viendo que no era un rincón sino un estrecho de tierra, continuaron mas adelante y encontraron una bahía. Luego, más adelante, encontraron otro estrecho y otra bahía más grande que las dos primeras. Muy contentos, voltearon inmediatamente hacia atrás para decírselo al capitán general.
Nosotros pensábamos que estaban pérdidas, primero debido a la gran tormenta, y luego, porque habían pasado dos días y no aparecían y también por ciertas humaredas que enviaban a tierra para avisar.
En la espera, vimos llegar dos naves con las velas abiertas y las banderas desplegadas hacia nosotros. Estando cerca lanzaron bombas y gritos; luego, todos juntos, se fueron agradeciendo a Dios y a la Virgen, buscando más adelante.

A este punto, Magallanes, que se sentía seguro de poder continuar la navegación hacia el oeste, ofreció a los capitanes la opción de seguirlo o de regresar a la patria. La única nave que no lo siguió fue la San Antonio, que después de otro amotinamiento, abandonó la flota para regresar a España, bajo las órdenes de Sebastián Gómez.
El 21 de octubre de 1520 solo tres embarcaciones atravesaron el estrecho, bautizado luego con el nombre del portugués. Estas fueron la Trinidad, la Victoria y la Concepción.
La flota entró el 18 de diciembre de 1520 en las plácidas aguas del Mar del Sur, que había sido descubierto por Vasco Núñez de Balboa. Magallanes lo bautizó de nuevo, como Océano Pacífico, debido a que durante los tres meses de la travesía solo encontró brisas muy suaves.
Parecía un viaje interminable. Durante todo el período trascurrido del viaje, solo avistaron dos islotes deshabitados; casi toda la tripulación se enfermó de escorbuto, una terrible enfermedad causada por la falta de vitamina C, cuyos síntomas eran: un terrible engrosamiento de las encías con la consiguiente pérdida de la dentadura, e imposibilidad absoluta de comer.
Los víveres escaseaban casi totalmente, quedaba solo un poco de pan empapado en agua sal y pocos pedazos de pescado seco. La tripulación entonces, comenzó a pelearse por la comida; algunos se alimentaron con ratones y otros hasta con las suelas de los zapatos. Ventiuno hombres murieron durante esta travesia. A continuación, un pasaje de la Relación del primer viaje alrededor del mundo, en la que Pigafetta narra la aterradora travesía oceánica:

El miércoles 28 de noviembre de 1520 salimos de este estrecho y entramos en el Mar Pacífico. Pasamos tres meses y veinte días sin provisiones de ninguna clase. Comíamos galletas, pero en realidad ya no eran galletas, sino más bien polvo de galletas con montones de gusanos, ya que éstos se habían comido la mejor parte de aquellas. Hedía intensamente a orina de ratón y bebíamos agua amarilla, podrida desde hacía ya muchos días, y comíamos ciertas pieles de buey (puestas sobre el mástil mayor con el fin de proteger las jarcias) durísimas a causa del sol, de la lluvia y del viento. Las dejábamos por cuatro o cinco días en el mar y luego poníamos un trozo sobre las brasas y así las comíamos, e incluso muchas veces probamos también aserrín de tabla. Los ratones se vendían a medio ducado. Pero por encima de todas las calamidades, esta era la peor: a algunos se les inflamaban las encías tanto de los dientes de arriba como de los de abajo, entonces no podían comer de ninguna manera y morían a causa de esto. Fallecieron 19 hombres y el gigante de la Patagonia con un indio del Verzin (2). Veinticinco o treinta hombres se enfermaron, algunos en los brazos, en las piernas o en algún otro lugar, de modo que pocos permanecieron sanos. Gracias a Dios, yo no padecí de ninguna enfermedad.

Cuando ya la situación se estaba tornando insostenible y a bordo estallaban peleas y conjuras, la flota logró llegar a las islas Marianas, archipiélago situado al oeste de las Filipinas, el 6 de marzo de 1521.
Habían transcurrido veintinueve años después del primer viaje de Cristóbal Colón. Finalmente, los europeos habían llegado a la franja asiática con una ruta hacia el oeste. Sin embargo, las rutas de los portugueses a través del África y de la India, eran ya conocidas y por lo tanto más seguras.
Estas islas fueron llamadas de los ladrones, porque algunos indígenas trataron de apropiarse de una de las chalupas. Magallanes ajustició a los culpables e hizo incendiar sus chozas. Una vez que se aprovisionaron con los víveres necesarios las naves continuaron su camino con rumbo hacia el oeste.
El 16 de marzo de 1521, la expedición llegó a Homonon, en las Filipinas. He aquí la descripción de Pigafetta:

El sábado 16 de marzo de 1521, desembarcamos sobre una isla alta llamada Zamal, distante 300 leguas de las islas de los Ladrones. El capitán general, al día siguiente, quiso que bajáramos en la isla de atrás, que estaba deshabitada, para estar más seguro y con el fin de aprovisionarse de agua. Mandó a alzar en tierra dos tiendas para los enfermos e hizo matar un cerdo. El lunes 18 de marzo vimos desde lejos venir hacia nosotros un barco con nueve hombres. El capitán general ordenó que nadie se moviera ni pronunciase palabra sin su permiso. Cuando ellos llegaron a tierra, de inmediato su jefe se dirigió hacia el nuestro, mostrándose alegre de nuestra llegada…
El capitán general, al ver que estos hombres eran razonables, les dio de comer y les regaló barretinas rojas, espejos, peines, cascabeles, marfil, mocasines y otras cosas. Cuando vieron la cortesía del capitán, le ofrecieron pescado, una jarra de vino de palma, que llamaban vraca, higos más anchos de un palmo y otros más pequeños y sabrosos, y dos cocos. En ese momento no tenían nada más. Por medio de señas nos dijeron que en cuatro días llevarían umany, que es arroz; cocos, y muchos otros alimentos…
Estos pueblos con Cafres (3), o bien, Gentiles (4), van desnudos, excepto unas ropas hechas de corteza de árbol que les cubren sus vergüenzas…
Son de piel cetrina, gordos, pintados y se untan de aceite de coco y de ajonjolí para protegerse del sol y del viento. Tienen los cabellos muy negros, largos hasta la cintura; y poseen dagas, cuchillos, lanzas de oro, escudos, arpones, anzuelos y redes para pescar. Sus barcos son como los nuestros. 

El intérprete malasio de Magallanes, llamado Enrique, que viajaba con él desde hacía varios años, conocía bien el idioma y presentó los portugueses a la corte del soberano local, Rajah Kolambu, rey de Limasawa.Entonces Magallanes prosiguió el viaje hasta el puerto de Cebú en la isla homónima. A continuación, el relato de la llegada al concurrido puerto, en la crónica del vicentino:

El domingo 7 de abril de 1521, a mediodía, entramos al puerto de Zubu. Al pasar por numerosos pueblos, veíamos muchas casas construidas sobre los árboles. Al acercarnos a la ciudad, el capitán general ordenó que se embanderaran los barcos; se bajaron las velas y se pusieron a modo de batalla; luego se destapó toda la artillería, con lo que estos pueblos se asustaron muchísimo. El capitán mandó a un discípulo suyo, con el intérprete, como embajador ante el rey de Zubu.
Cuando llegaron a la ciudad, encontraron muchísimos hombres junto al rey, todos atemorizados por los bombardeos. El intérprete les dijo que esa era nuestra costumbre, a saber, bombardear al entrar en lugares como aquellos en señal de paz y de amistad y para honrar al rey del lugar. El rey y todos los suyos se tranquilizaron, y aquel nos preguntó, por medio de su gobernador, qué queríamos.
El intérprete respondió que su señor era capitán del mayor rey y príncipe que hubiera en el mundo, quien iba a descubrir Maluco, pero que, por su buena fama, como había sido informado por el rey de Mazana, había ido sólo para visitarlo y obtener provisiones a cambio de mercancía.

Junto a él, Magallanes y su flota viajaron a la isla Cebú, donde lograron convertir el rey al cristianismo. Cebú se sometió a la Corona española.
Pero estalló una revolución en la vecina isla de Mactan, cuyos habitantes no querían volverse cristianos. Magallanes decidió entonces usar la fuerza para conquistarlos, desembarcando en la isla el 27 de abril de 1521, pero en un duro enfrentamiento, fue asesinado por los habitantes del lugar.
A este punto, el rey de Cebú renegó del cristianismo y decidió atacar a los europeos; treinta hombres de la tripulación perdieron la vida. Los españoles sobrevivientes eligieron a Juan Sebastián Elcano comandante de la Victoria. El decidió ante todo hundir la Concepción, ya que con tan pocos sobrevivientes no hubiera logrado el comando de las tres naves.
Se detuvo entonces en la isla del Borneo con la Victoria y la Trinidad, donde los sobrevivientes permanecieron por treinta y cinco días precisamente el la aldea de Brunei.
Se decidió entonces explorar otras islas situadas al este y conocidas como islas de las Especies, las Malucas. Los Portugueses habían ya llegado a estas islas, hacía algunos años, provenientes de la India y las reclamaban como territorios propios.
Las dos embarcaciones que quedaban, llegaron el 6 de noviembre de 1521 y tiraron anclas en la bahía de la isla Tidore, en las actuales Molucas, islas ricas en clavos de olor, nuez moscada y otras especias.
La población local, que ya antes había establecido contacto con los Portugueses, se mostró pacífica y así llegaron fácilmente a un acuerdo para la venta de las especies. He aquí la descripción del desembarque en Tidore y de las islas de las Especias o Molucas, según el relato del vicentino:

El viernes ocho de noviembre de 1521, tres horas antes de ocultarse el sol, entramos en el puerto de una isla llamada Tadore; luego anclamos cerca de la tierra, con veinte brazas de agua, y disparamos toda la artillería. Al día siguiente vino el rey en una piragua hasta los barcos, rodeándolos. De inmediato nos dirigimos hacia él para honrarlo; nos hizo entrar en su piragua y nos sentamos a su lado... el rey nos dijo que éramos bienvenidos allí, dado que él, desde hacía ya mucho tiempo, había soñado con que venían a Maluco unos barcos desde lugares lejanos. Le ofrecimos regalos: un paño de damasco amarillo, algunas telas indias hechas con oro y seda, un pedazo de berania blanca, doce cuchillos, seis espejos grandes, seis tijeras, seis peines, algunos vasos dorados, entre otras cosas. Este rey es Moro (6), tiene unos cuarenta y cinco años, es bien formado, posee una presencia majestuosa y es un excelente astrólogo: su nombre es rajá sultán Manzor. Para la información de su ilustrísima señoría, las islas donde nacen los girofles (7) son cinco: Terenate, Tadore, Mutir, Machian, Bachian. Terenate es la principal, cuyo rey, cuando aún vivía, gobernaba casi todas las demás. Nosotros nos encontrábamos en Tadore, la cual tiene rey. Mutir y Machian no lo tienen, sino que es el pueblo el que gobierna; y cuando los reyes de Terenate y Tadore se hacen guerra entre sí, aquellas dos les sirven de ejército. Bachian es la última, y tiene rey. Toda esta provincia, donde germinan los girofles, se llama Maluco. Estos reyes tienen cuantas mujeres deseen, pero hay una que es la esposa principal, a quien obedecen las otras…
Frente a esta isla hay una enorme, llamada Giailolo (8), habitada por Moros y Gentiles.
El martes doce de noviembre empezamos a comerciar de la siguiente manera: por diez brazas de paño rojo o treinta y cinco vasos de vidrio, nos daban un bahar de girofles, que corresponde a cuatrocientas seis y libras de los mismos..

Una vez finalizadas las negociaciones, el comandante Juan Sebastián Elcano decidió partir en dirección oeste. Sin embargo, empezó a entrar agua en la Trinidad y todos los esfuerzos para encontrar la falla fueron inútiles. A continuación se describe la circunstancia:

El viernes temprano vino nuestro rey de Tadore con los tres hombres y les ordenó que se metieran al agua con los cabellos sueltos, con el fin de encontrar la fisura. Aquellos estuvieron un largo rato bajo el agua, pero no la hallaron jamás. El rey, cuando vio que no había solución, preguntó llorando: “¿Quién irá a España a donde mi señor a darle noticias sobre mí?”
Le respondimos que iría la Victoria, con el fin de no perder el levante que estaba comenzando; y la otra, hasta que no se arreglara, esperaría a que llegara el poniente y luego se dirigiría al Darién (9), que está en la otra parte del mundo, en la tierra de Diucatán (10).

Entonces, las dos tripulaciones se separaron. La Trinidad retomó el viaje después de varios meses de atravesar continuamente el Pacífico en dirección este.
De los cincuenta y cinco hombres que conformaban el equipo solo cuatro lograron llegar con vida a España, en 1525.
En cambio la Victoria, comandada por Juan Sebastián Elcano, tomó de nuevo el mar con rumbo hacia el oestecon un total de 50 hombres.Durante los primeros días de navegación, la Victoria navegó en el actual mar indonesio, costeando una multitud de islas. Se detuvieron algunos días en una isla llamada Buru, distante 75 leguas de las Molucas y situada a 3 grados y medio debajo del ecuador. A continuación, el relato de Pigafetta:

Partiendo de aquella isla de Buru, a la cuarta de garbino hacia el poniente, aproximadamente a 8 grados de longitud, llegamos a tres islas: Zolot, Nocemamor y Galian, y navegando entre ellas, nos asaltó una gran tempestad, por la que haríamos una peregrinación a nuestra Señora de la Guía; y enfrentándonos a la tormenta, dimos con una isla alta, aunque antes de llegar allí nos fatigamos muchísimo por las ráfagas que venían de sus montes y por las grandes corrientes de agua.
Los hombres de esta isla son selváticos y bestiales; comen carne humana y no tienen rey…
Allí tardamos quince días restaurando los costados de nuestra nave. En esta isla se encuentran gallinas, cabras, cocos, cera (por una libra de hierro viejo nos dieron quince de cera) y pimientos largos y redondos…
Aquí tomamos a un hombre para que nos condujera hacia alguna isla que tuviera provisiones. Esta isla está a ocho grados y medio de latitud del Polo Antártico, y ciento sesenta y nueve y dos tercios de longitud de la línea divisoria (12). Se llama Malua.
El sábado veinticinco de enero de 1522 partimos de la isla de Malua, y el domingo 26 llegamos a una gran isla, a cinco leguas de distancia de la otra, entre mediodía y garbino. Yo solo fui a tierra a hablar con el jefe de una ciudad llamada Amaban para que nos diera provisiones. Me dijo que me daría búfalos, cerdos y cabras, pero no pudimos ponernos de acuerdo porque pedía demasiadas cosas por un búfalo. Nosotros, teniendo pocas cosas y atormentados por el hambre, retuvimos en el barco a un jefe de otra ciudad con su hijo. La ciudad se llamaba Balibo, y por miedo a que lo matáramos, nos dieron de inmediato seis búfalos, cinco cabras y dos cerdos, y para completar el número de diez puercos y diez cabras, nos dio un búfalo, porque así lo habíamos exigido. Luego lo regresamos a tierra contentísimo, porque llevaba tela, paños indios se seda y algodón, hachas, navajas indias, tijeras, espejos y cuchillos.
Después de haber navegado, costeando muchas otras islas, entre las cuales la grandísima Java, la nave Victoria se dirigió hacia el oeste, en dirección al Cabo de Buena Esperanza.
El martes once de febrero de 1522, en la noche, siendo ya casi miércoles, partiendo de la isla de Timor, nos metimos en el océano, llamado Lant Chidot, y emprendiendo nuestro camino entre poniente y garbino, dejamos a mano derecha, hacia la tramontana, por miedo del Rey de Portugal, la isla Zamatra, antaño llamada Trapobana, Pegú, Bengala, Uriza, Chelin, en la cual están los Malabares, bajo el rey de Narsingha; Calicut bajo el mismo rey; Cambaia, en la cual están Guzerati, Cananor, Goa, Ormus y toda la otra costa de la India mayor…
Y para pasar el Cabo de Buena Esperanza tuvimos que estar allí nueve semanas con las velas amainadas a causa del viento occidental y mistral en la proa, con tempestades terribles. Este cabo está a treinta y cuatro grados y medio de latitud y a mil seiscientas leguas de distancia del cabo de Malacca, el cual es el más grande y peligroso cabo que haya en el mundo.
Finalmente, con la ayuda de Dios, el seis de mayo pasamos este cabo, manteniéndonos a cinco leguas de él…
Luego, navegamos al mistral por dos meses seguidos sin obtener nada de provisiones. En este corto período murieron veintiún hombres. Cuando los arrojábamos al mar, los Cristianos se iban al fondo con el rostro hacia arriba, mientras que los Indios lo hacían con el rostro hacia abajo. Y si Dios no nos concedía buen clima, íbamos a morir todos de hambre. Finalmente, puesto que estábamos muy necesitados, nos dirigimos a las islas de Cabo Verde.


La travesía del Océano Indico fue bastante difícil porque los marineros tenían que enfrentarse de nuevo al hambre y a las enfermedades. Veinte de ellos murieron antes de doblar el cabo de Buena Esperanza el 6 de mayo de 1522; otros trece fueron dejados como rehenes en las islas de Cabo Verde por el comandante Elcano, para salvar la carga de veintiséis toneladas de especies. Solo dieciocho sobrevivientes, de los doscientos treinta y cuatro iniciales, lograron llegar a España el 6 de septiembre de 1522; tres años y veintisiete días después de la partida.Entre ellos había dos italianos: el marinero de Savona Martín de Judicibus y Antonio Pigafetta. A continuación, la llegada a España y el sucesivo viaje a Italia, narrado por Pigafetta.

El sábado seis de septiembre de 1522 entramos en la bahía de Sanlúcar…
Desde que abandonamos esta bahía hasta el día presente, habíamos recorrido más de catorce mil cuatrocientas leguas, le habíamos dado la vuelta al mundo, del levante al poniente. El lunes ocho de septiembre, anclamos junto al muelle de Sevilla y descargamos toda la artillería. El martes, todos nosotros, en camisa y descalzos, fuimos con antorcha en mano a visitar el lugar de Santa María de la Victoria y de Santa María de la Antigua.
Al irme de Sevilla, fui a Valladolid, donde presenté a la sagrada majestad de don Carlos no oro ni plata, sino cosas que un señor como él debe apreciar mucho. Entre otras cosas le di un libro, escrito por mi mano, de todas las cosas ocurridas en cada día de nuestro viaje. Me fui de allá lo mejor que pude; fui a Portugal y le hablé al rey don Giovanni sobre las cosas que había visto. Pasando por España vine a Francia y di algunas cosas del otro hemisferio a la madre del cristianísimo don Francisco, Señora la regente. Luego regresé a Italia, donde le entregué para siempre al ínclito e ilustrísimo Señor Felipe de Villers Lesleadam, gran maestro de Rodas dignísimo, mi persona y estas pocas fatigas mías.


Visto desde un punto de vista económico, este viaje fue un desastre total. En cambio desde el geográfico y astronómico fue de enorme importancia. Gracias a Pigafetta, fue posible conocer los usos y costumbres de los pueblos descubiertos y la geografía de los lugares explorados y se avistaron nuevos grupos de estrellas que se catalogaron por primera vez, y se nombraron Nubes de Magallanes.
Además, con la primera circunnavegación de la tierra, se conocieron los efectos del cambio de hora y de fecha. El calendario a bordo, de hecho, al llegar a las islas de Cabo Verde señalaba miércoles 4 de julio, diferente del de las islas que señalaba en cambio jueves 10 de julio. Y fue justo después de este hecho curioso que se cayó en cuenta de la necesidad de dividir la circunferencia terrestre en zonas de hora y se comenzó a pensar en una línea de cambio de fecha que fue adoptada oficialmente en los años sucesivos.
En 1525, el rey emperador Carlos V decidió enviar otra expedición a las islas Molucas con la intención de conquistarlas definitivamente. La empresa, dirigida por García Jofre de Loaísa, sufrió terribles desastres, y los pocos sobrevivientes, no apenas llegaron a las Islas de las Especias, fueron atacados y derrotados por soldados portugueses. Después, el dominio de las islas Molucas le fue otorgado a Portugal, mientras que España gobernó por mucho tiempo las islas Filipinas.

YURI LEVERATTO
Copyright 2010

Glosario:
1- Legua = aproximadamente 5 kilómetros
2- Verzin = Brasil
3- Cafres = de piel negra
4- Gentiles = animistas, paganos
5- Prao = Piragua
6- Moro = Islámico
7- Girofle – clavos de olor
8- Isla de Giailolo: Isla de Halmahera (Indonesia oriental)
9- Darién = tierras al sur del istmo de Panamá (actualmente colombianas)
10-Diucatán = Yucatán
11-Garbino = Suroeste
12-Línea divisoria = según los mapas diseñados en base en la información extraída de la Geografía de Tolomeo, la longitud (de sólo 180 grados de amplitud) se calculaba a partir de las islas Canarias.
13-Bambaso = algodón