martes, 6 de noviembre de 2012

El colonialismo inglés en Suramérica


El litoral que pertenece actualmente a las Guayanas y al Surinam fue avistado y explorado por europeos por primera vez en 1499, en la expedición guiada por Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, en la cual participaba el navegante florentino Américo Vespucio. La flota tocó tierra cerca al Río Demerara, donde hoy está situada la capital de Guyana, Georgetown. 
Allí los barcos se separaron: los españoles continuaron hacia el noroeste, en dirección al delta del Orinoco, mientras que Américo Vespucio prosiguió hacia el sureste, dirigiéndose al estuario del Río Amazonas.
La costa de Guyana no fue colonizada por los europeos en el siglo XVI. Fue sólo en 1616 que algunos colonos holandeses fundaron una fortaleza veinticinco kilómetros al noroeste del estuario del río Esequibo, con la intención de quedarse allí.
Si bien en un principio Guyana estaba teóricamente bajo el dominio español, en el Tratado de Münster de 1648 se estipuló la soberanía holandesa. En poco tiempo esta colonia (dividida en tres zonas: Demerara, Berbice y Esequibo) asumió importancia, pues los colonos no se limitaron a comerciar con los nativos, sino que organizaron varias plantaciones de tabaco, el cual muy pronto fue exportado a Europa.
Sin embargo, los indígenas no estaban acostumbrados al arduo trabajo en los campos y se enfermaban a causa de los virus y las bacterias de los que los españoles, sin saberlo, eran portadores. Por esta razón, los holandeses inmediatamente comenzaron a introducir en Guyana esclavos negros africanos.
En 1763 hubo un motín de los esclavos, encabezados por el africano Cuffy. Los rebeldes, que eran aproximadamente tres mil, fueron un quebradero de cabeza para los holandeses, pero éstos lograron apaciguarlos, aunque sólo con la ayuda de colonos franceses e ingleses. De ahí que luego de este episodio se incentivara la llegada de colonos ingleses al Demerara, cuyo número aumentó hasta superar en pocos años al de los holandeses.
Por otro lado, después de las guerras napoleónicas de 1795, Inglaterra declaró la guerra a Francia, la cual había ocupado preventivamente a Holanda. La parte de Guyana que pertenecía formalmente a esta última cayó bajo el dominio británico, pero fue sólo en la Convención de Londres de 1814 cuando se trazaron las nuevas fronteras de la llamada Guyana Británica, cuyo límite occidental era el Río Esequibo.
En 1835 Inglaterra envió al explorador alemán Robert Hemann Schomburgk a Guyana con el propósito oficial de estudiar la geografía y la botánica del área en cuestión, pero la verdadera misión de Schomburgk era la de investigar si en las fuentes del Río Esequibo había yacimientos de oro y de otros minerales y, por tanto, la de de trazar un nuevo confín, de manera que se ampliara la zona de influencia de los ingleses en Suramérica.
El alemán marcó inicialmente una línea imaginaria del Río Moruca al Esequibo, añadiendo así unos 4200 kilómetros cuadrados de territorio a la Corona inglesa. Luego, en 1839, Schomburgk trazó una segunda línea que iba del delta del Orinoco hasta el Monte Roraima, y que hipotéticamente anexaría unos 141.930 kilómetros cuadrados al territorio de la Corona inglesa.
Además, Schomburgk exploró la zona del Río Rupununi y, al encontrar riquísimas venas de oro y rastros de otros preciosos minerales, sugirió al gobierno inglés que se apropiara también de parte del Brasil, en la zona del Pirara. Por consiguiente, el gobierno inglés, sosteniendo que allí la presencia de colonos brasileros era nula, avaló el proyecto e incorporó a su territorio esta zona, de un total aproximado de 20.000 kilómetros cuadrados.
A partir de 1840 las autoridades inglesas estimularon la llegada de colonos a las tierras situadas al oeste del Río Esequibo, que pertenecían oficialmente a Venezuela, país que ha reivindicado este territorio desde 1840 en sedes internacionales, pero cuyas peticiones formales y legítimas, hasta el día de hoy, no han sido acogidas.
En 1899 hubo un arbitraje internacional entre Venezuela y Gran Bretaña por la cuestión del Esequibo. De una parte, Venezuela sostenía que su frontera debía ser el Río Esequibo, puesto que así lo estipulaba el acto de independencia de España de 1810. Gran Bretaña aseveraba, en cambio, que su territorio debía extenderse al oeste del Río Esequibo y rehacerse en la línea Schomburgk, trazada en 1839, afirmando así que el área que le pertenecía al interior de la ex colonia española alcanzaba los 203.310 kilómetros cuadrados.
El arbitraje resultó favorable a Gran Bretaña, la cual incorporó a su dominio 159.500 kilómetros cuadrados al oeste del Río Esequibo.
En 1898 hubo otro arbitraje internacional entre Brasil y Gran Bretaña con el fin de resolver la cuestión del Pirara. El rey de Italia Victorio Emanuel III fue el árbitro de la disputa. En 1904, 19.630 kilómetros cuadrados de territorio brasilero cayeron bajo la soberanía inglesa. Brasil no pudo hacer otra cosa que aceptar la decisión internacional, probablemente porque los gobernantes de la época fueron chantajeados por el fracaso de otros acuerdos comerciales.
Luego de estos arbitrajes internacionales, la soberanía inglesa en tierra firme suramericana se extendió en pocos años casi 180.000 kilómetros cuadrados, en una zona riquísima no sólo en oro, sino también en uranio, torio, diamantes, molibdeno y niobio, un mineral importantísimo actualmente para las construcciones electrónicas.
En 1966, cuando Guyana Británica se independizó, denominándose oficialmente Guyana, entró a hacer parte del Commonwealth y, obviamente, abrió sus puertas a las inversiones anglosajonas.
Actualmente, el colonialismo ya no es lo que era en siglos anteriores. Las potencias dominantes ya no tienen necesidad de conquistar un territorio o de anexárselo y luego establecer su soberanía por medio de un arbitraje internacional, con el fin de poder explotar los recursos, sean hídricos, mineros o de biodiversidad. Incluso el concepto mismo de “soberanía” cambió. Hoy se habla de “soberanía relativa o limitada”, por lo general para justificar “intervenciones humanitarias” o para “restablecer la democracia”.
En la actualidad estamos frente a un colonialismo más encubierto; por ejemplo, las inmensas tierras indígenas que se crearon en Brasil más allá de la frontera de Guyana y de Venezuela, a saber, las áreas indígenas Tumuqumaqué, Raposa Serra do Sol, Yanomami y Alto Río Negro, que son territorios enormes de más de 300.000 kilómetros cuadrados.
En estos territorios el acceso a los ciudadanos normales brasileros o extranjeros está vetado.
Sólo pueden entrar los indígenas, que son pocos (por ejemplo, en la tierra indígena Yanomami, de una extensión aproximada de 94.000 kilómetros cuadrados, viven sólo 7000 autóctonos). Se trata de territorios riquísimos en minerales raros, como niobio, uranio, molibdeno, oro, estaño, además de biodiversidad y agua.
El área indígena Yanomami fue creada en los años 60 del siglo pasado, después de que el explorador inglés Robin Hambury-Tenison (actual presidente de Survival International) tuviera contacto con algunos autóctonos. Se sabe que la casa Windsor propuso la creación de la reserva indígena, la cual en principio tenía 50.000 kilómetros cuadrados de extensión, y que luego fue ampliada a 94.000.
Algunos periodistas brasileros, desde hace ya algún tiempo, han venido denunciando esta situación e incluso lanzaron la hipótesis de que Brasil está cediendo parte de su soberanía a otras entidades.
En efecto, si en estas tierras indígenas nadie puede entrar ya que el acceso está totalmente prohibido a los ciudadanos normales, y si nadie puede verificar lo que sucede al interior, ¿no es acaso esto una pérdida de soberanía, que por denominación pertenece al pueblo?
¿Cuáles son las entidades extranjeras que tienen libre acceso a las áreas indígenas de Brasil? ¿Estamos tal vez frente a un nuevo proceso colonial camuflado en una causa indigenista y ambientalista?

YURI LEVERATTO
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