lunes, 20 de febrero de 2012

La fortaleza megalítica de Ixiamas





Fueron múltiples los objetivos de la expedición al Río Alto Madidi. Primero que todo el reconocimiento, la documentación fotográfica y el estudio de la fortaleza de Ixiamas, una imponente estructura pre-incaica situada en la selva alta del departamento de La Paz. 
En segundo lugar, la verdadera exploración, con fines naturalistas, del Río Alto Madidi, ubicado en pleno Parque Nacional Madidi, en laselva pluvial tropical de la Amazonía boliviana. Quería conocer personalmente las condiciones en las que se encuentran el Parque y los animales que lo habitan.
El tercer objetivo de la expedición al Río Alto Madidi fue antropológico: me interesaba verificar la existencia de los míticos Toromonas, una etnia amazónica que se cree viva en la parte más interna del Parque, completamente aislada del resto de la población boliviana.
En cuanto llegué a Rurrenabaque, simpática ciudad localizada en las orillas del Río Beni, contacté a mis guías expertos José Tirina y Félix Quajera. En los días siguientes organizamos la expedición planeando cómo llegar a zonas de selva primaria extremadamente apartadas donde ningún occidental ha puesto nunca un pie.
Partimos del pueblo de San Buenaventura, situado en la otra orilla del Río Beni, ya en el departamento de La Paz. En una van repleta de viajeros llegamos, después de cuatro horas de ardua carretera destapada, al Río Tequeje (un afluente del Beni). Ya era de noche y, por esta razón, preparamos el campo 1 justo debajo del puente que lo atraviesa.
Al segundo día empezamos a caminar hacia la fortaleza de Ixiamas. Teníamos datos fragmentarios sobre su ubicación, ya que algunos conocidos de Rurrenabaque nos habían asegurado que se encontraba en la cima de la montaña, al lado del Río Tequeje, en posición dominante, pero, en realidad, ni mis guías ni yo sabíamos con exactitud dónde se encontraba. 
Empezamos el ascenso por un bosque húmedo e intrincado, si bien ya después de una media hora nos dimos cuenta de que no había sendero y de que la vegetación representaba un gran obstáculo en nuestro avanzar. 
En todo caso, continuamos subiendo por la cuesta durante unas tres horas, prosiguiendo muy lentamente y utilizando el machete a cada paso. Seguíamos escalando la montaña, aunque caminar con nuestras pesadas mochilas (de aproximadamente 15 kg cada una, puesto que nos habíamos aprovisionado para unos 15 días) era sumamente difícil, no sólo por el peso intrínseco sino, sobre todo, por el hecho de que nuestros morrales se atascaban en ramas y lianas de árboles, entorpeciendo notablemente nuestro camino. A cierto punto, como ya eran las dos de la tarde y el sol ardiente y el cansancio nos estaban poniendo a prueba, decidimos dejar los morrales en un lugar seguro y continuar más ligeros la exploración.
Ya nos encontrábamos a una altura de aproximadamente 600 m.s.n.m. y frente a nosotros había dos cimas. La fortaleza tenía que encontrarse obligatoriamente en una de las dos “cumbres”, pero no sabíamos en cuál.
Procedimos entonces a explorar la primera, pero la carencia total de sendero nos hacía dudar sobre la efectiva posibilidad de ubicar la fortaleza.
Teníamos sed. Habíamos partido sólo con una que otra botella de agua y no habíamos hallado ningún arroyo en nuestro camino. Eran ya las cuatro de la tarde y, por consiguiente, de mala gana, decidí que por fuerza teníamos que regresar por los morrales, con el fin de buscar un riachuelo donde acampar.
Y así lo hicimos. Del punto en el que habíamos dejado las mochilas había un empinadísimo descenso en cuyo fondo quizá había un arroyo. Quizá. 
Sin embargo, si se escuchaba atentamente, se oía una lejanísima agitación, que quizá era agua corriente.
Y así, otra vez con el pesado equipaje encima, iniciamos el complejo descenso y en más o menos 30 minutos llegamos a un riachuelo donde fluía agua limpia y fresca.
Organizamos el campo 2 justo cerca de aquel torrente, en un lugar mágico, prometiéndonos regresar a la cima de la montaña a la mañana siguiente.
Después de habernos repuesto, ya envueltos en la oscuridad de la noche, nos encontramos sumergidos en una increíble sinfonía de animales de todo tipo. Antes que nada, el silbido del pájaro llamado alguacil (lipaugus vociferans), y el gorjear de tantas otras aves; también el croar de ranas y los gritos lejanos de simios aulladores; pero, sobre todo, eran los insectos los protagonistas por excelencia de nuestra noche: miles de mosquitos, abejas y luciérnagas. 
Antes de acostarme, me acerqué al riachuelo a beber. Justo donde lo estaba haciendo, la linterna que tenía en mi frente iluminó una gran araña negra y peluda, cuyo cuerpo era tan grande como el puño de una mano. Estaba petrificado, pero mantuve la calma y, moviéndome con lentitud, regresé a la carpa, a unos 5 metros del torrente, nuevamente de pie.
Un fuerte cuchicheo nos acompañó mientras que nos dormíamos en el vientre de la selva.
Desde las siete de la mañana siguiente empezamos a caminar sin el fuerte peso de los morrales, y ascendimos la montaña dirigiéndonos directamente a la cima que no habíamos explorado el día anterior.
En aproximadamente dos horas de caminata, llegamos a la entrada de la fortaleza, y de inmediato me di cuenta de las características megalíticas de esta imponente construcción: se trata de un área de unas 2 hectáreas, rodeada de una gran muralla de alrededor de 200 metros de longitud en total, y alta a veces hasta 3 metros. En su interior hay otros muros más bajos que probablemente fueron construidos como terraplenes.

Ubicación de la fortaleza de Ixiamas
Lat. 13 grados 53’.621 Sur – Long. 68 grados 09’.51 Oeste
Altura:903 metri s.n.d.m.

La construcción está situada exactamente en la cumbre del monte, en una posición dominante en la inmensa selva baja amazónica. Del lugar llamado mirador se puede divisar a lo lejos el pueblo de Ixiamas, en la pradera a izquierda del Río Tequeje.
¿Por quién fue construida? Y, sobre todo, ¿por qué?
En mi opinión, la fortaleza de Ixiamas fue edificada por un pueblo desconocido pre-incaico que dominaba la zona de selva alta inmediatamente adyacente a la selva baja amazónica. El hecho de que el muro defensivo sea tan grueso y alto hace pensar que este pueblo desconocido estuviese en guerra con los pueblos de la selva baja amazónica.
Sobre el hecho de si la fortaleza fue utilizada por los Incas en épocas sucesivas hay diversas opiniones: la mía es que los Incas tal vez la usaron, pero no con fines militares, ya que es bien sabido que mantenían buenas relaciones con los Moxos, quizá los verdaderos soberanos del legendario reino del Paititi; tal vez fue usada por los Incas como almacén de productos agrícolas y lugar de intercambio con los pueblos de la selva.
No obstante, ¿cómo llegaban hasta allí? Es evidente que debe haber en alguna parte un sendero que sirviera de acceso a la fortaleza, pero muchos años de abandono lo ocultaron probablemente casi por completo.
Después de cocinar un plato de arroz y fríjoles, justo en el lugar llamado “mirador”, regresamos al campo 2, de donde proseguimos a lo largo del arroyo, intentando alcanzar las orillas del Río Tequeje, para poder así continuar nuestra expedición al Río Alto Madidi.

YURI LEVERATTO
Copyright 2011

jueves, 16 de febrero de 2012

La biodiversidad amenazada en la selva del Darién


El Darién es un territorio forestal de aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados de extensión; una de sus partes se encuentra en Colombia y la otra en Panamá. El bioma de la selva pluvial tropical ocupa toda su área, siendo uno de los lugares en la Tierra donde hay mayor biodiversidad.
En Colombia se localiza en los departamentos de Antioquia y Chocó, mientras que en Panamá coincide con las zonas indígenas de Kuna-Yala, Madugandí, Wargandí y Embera-Wounaan, y con los distritos de Chimán y de Chepo.
Tiene importancia histórica porque allí se construyó la primera ciudad fundada por los europeos en tierra firme americana, Santa María la Antigua del Darién, en 1510. Además, fue a través de las cordilleras del Darién por donde Vasco Núñez de Balboa pasó en su ansia de encontrar oro, siendo el primer occidental en observar la costa americana del Océano Pacífico, en 1513.
El 25% de las especies de vegetales y animales que se encuentran en el Darién es endémico, o bien, único, no existe en ningún otro lugar del planeta.
Los estudios de John Douglas Lynch, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, constataron que en la selva del Darién, que desde hace millones de años es un extraordinario lugar de paso de animales entre el norte y el sur del continente, hay al menos 550 especies de vertebrados, 113 de peces y 60 de anfibios (vale la pena considerar que en toda Europa hay, en total, 40 especies de anfibios).
El río más importante del Darién es el Río Atrato, el cual desemboca en el golfo de Urabá, en el Mar Caribe, y si bien no es particularmente largo (750 kilómetros), en el estuario su caudal es de unos 4700 metros cúbicos por segundo; esto significa que es el río de mayor caudal en el mundo en relación con su longitud. Esta inmensa cantidad de agua se debe a la altísima pluviosidad del Darién, ya que durante un año caen en promedio 10.000 milímetros de agua, lo que quiere decir que esta área de América es una de las más lluviosas del mundo.
Al interior de este paraíso inconmensurable está, en el área que pertenece a Colombia, el Parque Nacional de Los Katíos, de 720 kilómetros cuadrados de extensión. En la parte panameña, en cambio, se encuentra el Parque Nacional del Darién, de unos 5970 kilómetros cuadrados de extensión, además de la reserva de la biósfera del Darién, la reserva natural Punta Patiño, el territorio protegido Brage y dos zonas indígenas Emberá.
Al interior de estos parques hay jaguares, ciervos, raros murciélagos (por ejemplo el Noctilio Leporinus), tapires, cánidos de la selva (Speothos venaticus), ruidosas simias y una numerosa variedad de aves multicolores, como las guacamayas (papagayos de la especie Ara) y el águila arpía. Los botánicos calcularon que hay, además, 700 especies de flores, pertenecientes a 116 familias distintas.
Como bien se sabe, ninguna carretera ni ferrovía atraviesa la selva del Darién, ya que la famosa Ruta Panamericana finaliza en el pueblo de Chigorodó, en Colombia, mientras que en Panamá se interrumpe en Yaviza. Por consiguiente, no existe ninguna unión vía tierra entre Sur y Norteamérica.
Según algunos columnistas, ha sido Estados Unidos el que no ha permitido nunca la construcción de un camino a través del Darién, puesto que éste incrementaría el flujo de inmigrantes suramericanos. El gobierno de Panamá se opuso a la construcción del mismo aduciendo motivos de carácter ambiental. Según varios grupos de ambientalistas, en efecto, destruir parte de la selva primaria para construir la carretera que conecte a Colombia con Panamá y, por tanto, el sur con el norte del continente, sería una calamidad, ya que causaría la contaminación total del área.
En mi opinión, la construcción de una ruta sería un desastre de proporciones inimaginables, dado que no sólo se tendrían que demoler miles de hectáreas de selva, sino que la consiguiente e inevitable llegada de personas a la calzada, las cuales instalarían quioscos para la venta de comida, ropa, etc., sobre todo en la zona de la frontera, aumentaría en demasía la contaminación de los alrededores.
Parece, no obstante, que la construcción de la llamada Transversal de las Américas, que conectaría Paraguachón, en la frontera Colombia-Venezuela, con la frontera Colombia-Panamá, ya está aprobada.
Existe también un proyecto de construcción de una vía férrea a través del llamado Tapón del Darién, presentado por NAWAPA, el cual no es nuevo, pues fue propuesto por primera vez por el presidente de los Estados Unidos William Mckinley (1897-1901), pero que hasta el día de hoy no se ha realizado.
En el 2008, el ingeniero estadounidense Hal Cooper planteó dos trazos independientes para la hipotética vía: uno occidental, que sería adyacente a la carretera, y uno oriental, mucho más cercano a la costa, donde surge el pueblito de Capurganá. La necesidad de construir dos ferrovías, según Cooper, deriva del hecho de que el segmento occidental, que atravesaría el Parque Nacional del Darién, en el territorio panameño, podría estar sujeto a inundaciones; mientras que la línea oriental no tendría este problema, pero estaría bajo otro tipo de riesgos, como el geológico, ya que estaría cimentada sobre la cordillera (Serranía del Darién).
Los promotores del proyecto sostienen que la protesta ambientalista no tiene fundamento, ya que el daño a la selva sería mínimo. Además, aseveran que la política de mantenimiento y preservación de inmensas áreas de selva potencialmente riquísimas no permite el necesario desarrollo de los países suramericanos.
El tercer proyecto a gran escala que podría trastornar para siempre el delicado equilibrio de este oasis de selva pluvial tropical es la edificación, por ahora sólo hipotética, de un canal interoceánico en territorio colombiano a través del Río Atrato y su afluente Truendó. La parte de cordillera que se desbancaría para llegar al Océano Pacífico sería relativamente corta, de aproximadamente 80 kilómetros.
Se trataría de un canal donde podrían transitar barcos de más de 65.000 toneladas, por ahora el límite máximo para el canal de Panamá.
¿Se quedarán estos proyectos en planos o se llevarán a cabo? De otra parte, ¿cuál es el verdadero objetivo de obras tan colosales? Por ejemplo, el tren (si será construido), ¿será público y podrá accederse a sus servicios con un tiquete de bajo precio y tarifas económicas para el transporte de mercancías, o será privado, lo que quiere decir que no transportará pasajeros, sino sólo materias primas a Norteamérica y, por consiguiente, será un medio de cuyas utilidades se beneficiarán solamente pocas empresas multinacionales?

YURI LEVERATTO
Copyright 2010